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El Papa: Escuchen Confesiónes Cuando Se Les Pida
Por CAROL GLATZ

Escuchen confesiónes siempre que alguien les pida, dijo el papa Francisco a sacerdotes, y nunca le pongan horario limitado al sacramento de la reconciliación.

El papa pidió a confesores y otros participantes que asistían a un curso anual, patrocinado por la Penitenciaría Apostólica, que no pusieran carteles diciendo: ´Se confiesa solamente los lunes y miércoles de tal a tal hora’”. La Penitenciaría Apostólica es el tribunal vaticano que maneja los asuntos relacionados con la absolución de los pecados.

“Se confiesa cada vez que te lo piden. Y si tú estás ahí rezando, estás con el confesionario abierto, que es el corazón de Dios abierto”, él dijo el 17 de marzo.

Confesar “es prioridad pastoral” y es un llamado diario a dirigirse a las “periferias del mal y del pecado -- ¡es una fea periferia!”.

“Les confieso”, él le dijo a su audiencia, que la Penitenciaría Apostólica “es el tipo de tribunal que realmente me gusta porque es un ‘tribunal de la misericordia’ al que uno se dirige para obtener esa medicina indispensable para nuestra alma que es la Divina Misericordia”.

Un buen confesor, él dijo, le ha pedido a Dios “el don de un corazón herido, capaz de entender las heridas de los otros y de curarlas” con la misericordia de Dios, él dijo.

Acompañen a los hombres y las mujeres “con discernimiento prudente y maduro y con verdadera compasión en sus sufrimientos, causados por la pobreza del pecado”, él dijo.

Un confesor le hace mal a la Iglesia y a las almas humanas cuando no se deja guiar por la oración y el Espíritu Santo al discernir lo qué Dios quiere que se haga, él dijo.

“El confesor no hace su propia voluntad y no enseña su propia doctrina”, sino que está llamado a ser siervo de Dios en plena comunión con la Iglesia.

El papa les pidió a los sacerdotes que estén listos para usar la confesión como una oportunidad de evangelizar y de recordarle a la gente la verdad básica y esencial de la fe y la moralidad. También les pidió que oren a Dios por el don de la humildad y por el reconocimiento de sus propios pecados que Dios perdona plenamente.

Este tipo de oración no es solamente “la primera garantía para evitar cualquier actitud de dureza, que juzga inútilmente al pecador y no al pecado”, él dijo. También les recordó a los confesores que son “simples, aunque necesarios, administradores” del don gratuito de Dios. —CNS

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